Cuando se accionan y contraen los músculos del rostro, el cuerpo se sacude en movimientos inverosímiles, se emiten sonidos inarticulados, se exhalan grandes cantidades de oxígeno que deben recuperarse para el restablecimiento del flujo respiratorio; se comprimen y dilatan los pulmones; la caja torácica se arquea; se sacude el diafragma produciendo espasmos en un número aproximado de 80 a 120 por minuto; el lado superior de la boca y sus comisuras se estiran hacia arriba; los párpados, las cejas y el labio superior se elevan; se arrugan de modo característico los rabillos de los ojos y las ventanas de la nariz se dilatan claramente y se levantan; la lengua se extiende ligeramente y las mejillas se distienden y se elevan un poco ;la mandíbula inferior vibra o se desplaza hacia atrás, para dar todo el aire posible a los pulmones; la cabeza se echa hacia atrás, el tronco se estira y se inclina hacia atrás; se dilata todo el sistema vascular arterial, se produce rubor en el rostro y el cuello; los ojos se adelantan y se activa la glándula lacrimógena que los humedece, apareciendo a veces incluso lágrimas. Pues bien, cuando esto pasa, probablemente nos estemos desternillando de risa.
Seguir leyendo La risa es el mayor activador de energía
